¿Quieres jugar? - Le preguntó ella con descaro.
Tal vez, pero tendrías que volver a enseñarme. - Respondió él con su típica sonrisa pícara y esa mirada que a ella le encantaba.
Como pasa con todos los juegos, siempre existen normas, movimientos que te llevan a perder la partida, a jugártela y en algunos casos a celebrar la victoria, con una sonrisa de oreja a oreja. Son pocos los buenos jugadores, en cambio son suficientes los que juegan sin un objetivo claro, o en ocasiones los que se obsesionan tanto con el resultado que acaban por no saber jugar.
Tener siempre un as debajo de la manga, ya sea de la camisa o del pantalón, siempre viene bien para que el juego no termine, aunque pueda parecer totalmente lo contrario. Las mejores partidas siempre son aquellas que te dejan con ganas de continuar, a pesar de tu éxito o fracaso, pues la propia esencia del juego,el mero hecho de "jugar" e ingeniártelas sea como sea para conseguir lo que quieres y sorprender al oponente, son la base de esta acción.
En este caso, ambos eran unos jugadores profesionales, que sabían siempre sacar el mejor de los mejores ases de debajo de su manga para así dejar boquiabierto al oponente. Creo recordar que les encantaba ganar, siempre a su manera claro, sin enfados ni discusiones, pero alegrándose y sintiéndose orgullosos el uno del otro. Era divertido jugar, era una forma de vida...
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