3.28 h. de la mañana...
Hoy me has venido a la cabeza, como ocurre tantas noches…
Fue un 7 de junio de un mes bastante caluroso. Era el 84, año en que aparece
por vez primera el Crack y acompañado de él la película Terminator, que tanto
veías cuando creciste un poco.
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Parece un
boxeador…tiene la cara aplastada. - Decía su madre.
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Ha pesado unos
4kg señora, ha sido una campeona. – Explicaba el médico.
Ambos reían mientras lo sostenían en brazos, e intentaban poner cara de que
era un recién nacido precioso. (Nadie lo creía).
Aunque yo no estaba allí para verlo, ya me encargué de informarme de tus
aventuras durante mis años de ausencia, te llamaban Pipet, o algo similar no
recuerdo bien, y solías comer lo que no estaba escrito, eras muy independiente
ya desde pequeño (como has demostrado ser ahora) y te montabas tus películas junto
con tus hazañas de héroe pueblerino en tu habitación, tanto que incluso solías
asustar a tu madre escondiendo algún que otro Tiranosaurio Rex acompañado como no, del mismísimo Musculmán
que tanto daba por culo.
Era tu habitación, tu propia galaxia donde inventabas mundos e historias
inimaginables para tu edad.
Aunque no lo he mencionado, solían confundirte con una niña, al parecer tu
madre reflejaba en ti sus dotes para peinar, y aprovechaba tu mini melena rubia
para decorarla con pinzas y lazos de colores. (Nunca te lo he dicho, pero creo
que querían una niña, y no un niño…). También me dijeron que no eras nada malo
en los estudios, eso sí, una “miqueta malfaener” como diría tu abuela, te
gustaba bastante la calle, así como hacer cualquier cosa menos las que te
mandaban en el colegio, y mira por donde va y se nos hace profesor…(si no entendéis
marcad el 2…).
La cosa es que al poco tiempo, se te presentó una nueva inquilina en tu
casa, que con la edad te quitaría todas las cosas, te invadiría tu espacio, te molestaría,
pero siempre porque te tenía como un referente a seguir, cosa que no entendiste
hasta pasados unos años, cuando la pubertad (llamémoslo así) llegó a ti.
Se podría decir, que tu relación con ella ha sido ascendente. Algunas épocas
ella no entendía porque solo tus amigos eran los libros, y por así decirlo, si abría un poco más tu círculo de amistades, encontraba alguna que otra película
de las que ofrecen en la biblioteca para los que ocupan el rango sénior. Es
verdad que ella en ese momento se encontraba en la lista para entrar al
programa “Hermano Mayor”, pero ello no quitaba que muy en el fondo, bajo de esa
máscara (que gracias a Dior supo quitarse en un momento de su vida) ella
siguiera sintiendo ese orgullo por ti, por tu forma de ser, por saber salir
adelante en situaciones en las que no sabía cómo ayudarte, y por estar al corriente
cuando ya maduró, de que tú supiste entender muchas de las cosas
incomprensibles que hizo, y que ahora no son más que bobadas.
Y así es la vida, dime de qué presumes y te diré de qué careces. Todas esas
burlas que ella hacia sobre ti, y sobre tu forma de ver la vida, no han hecho
más que hacerla ver que tenias toda y más que toda la razón. Tal vez, sea un
mito eso de que los hermanos mayores son los referentes de los pequeños, tal
vez… pero en el caso de esa niña (que ahora cree que es madura) va mucho más allá de un simple mito o una
simple leyenda.
Quedaría de mucha cursilada decir que tal vez fuiste el mejor hermano que
pudo tener esa jovenzuela, que la supiste guiar y ayudar en sus buenos y malos
momentos, que le contagiaste tu humor y tu sátira forma de ver la vida para así
reírte de ella, que le abriste una puerta escondida allá por países extranjeros
donde te sorprendió y a la vez supiste que se había convertido en alguien muy
similar a ti, tú fuiste (y maldita la hora) quien la introdujo en el
maravilloso mundo de “ camarero otra ronda, pago yo”, quien la ayudaste a
sentirse como ella iba buscando, alguien segura de sí misma, feliz e
independiente, y como no, quien le contagió esas ganas por querer disfrutar al
máximo de la vida.
A un hermano, que aunque esté lejos en la distancia, nunca lo estará en mi
memoria.