jueves, 22 de marzo de 2012

Cosas que no se suelen decir todos los días...


3.28 h. de la mañana...

Hoy me has venido a la cabeza, como ocurre tantas noches…

Fue un 7 de junio de un mes bastante caluroso. Era el 84, año en que aparece por vez primera el Crack y acompañado de él la película Terminator, que tanto veías cuando creciste un poco.
-          Parece un boxeador…tiene la cara aplastada. - Decía su madre.
-          Ha pesado unos 4kg señora, ha sido una campeona. – Explicaba el médico.

Ambos reían mientras lo sostenían en brazos, e intentaban poner cara de que era un recién nacido precioso. (Nadie lo creía).
Aunque yo no estaba allí para verlo, ya me encargué de informarme de tus aventuras durante mis años de ausencia, te llamaban Pipet, o algo similar no recuerdo bien, y solías comer lo que no estaba escrito, eras muy independiente ya desde pequeño (como has demostrado ser ahora) y te montabas tus películas junto con tus hazañas de héroe pueblerino en tu habitación, tanto que incluso solías asustar a tu madre escondiendo algún que otro Tiranosaurio Rex  acompañado como no, del mismísimo Musculmán que tanto daba por culo.
Era tu habitación, tu propia galaxia donde inventabas mundos e historias inimaginables para tu edad.

Aunque no lo he mencionado, solían confundirte con una niña, al parecer tu madre reflejaba en ti sus dotes para peinar, y aprovechaba tu mini melena rubia para decorarla con pinzas y lazos de colores. (Nunca te lo he dicho, pero creo que querían una niña, y no un niño…). También me dijeron que no eras nada malo en los estudios, eso sí, una “miqueta malfaener” como diría tu abuela, te gustaba bastante la calle, así como hacer cualquier cosa menos las que te mandaban en el colegio, y mira por donde va y se nos hace profesor…(si no entendéis marcad el 2…).

La cosa es que al poco tiempo, se te presentó una nueva inquilina en tu casa, que con la edad te quitaría todas las cosas, te invadiría tu espacio, te molestaría, pero siempre porque te tenía como un referente a seguir, cosa que no entendiste hasta pasados unos años, cuando la pubertad (llamémoslo así) llegó a ti.

Se podría decir, que tu relación con ella ha sido ascendente. Algunas épocas ella no entendía porque solo tus amigos eran los libros, y por así decirlo, si abría un poco más tu círculo de amistades, encontraba alguna que otra película de las que ofrecen en la biblioteca para los que ocupan el rango sénior. Es verdad que ella en ese momento se encontraba en la lista para entrar al programa “Hermano Mayor”, pero ello no quitaba que muy en el fondo, bajo de esa máscara (que gracias a Dior supo quitarse en un momento de su vida) ella siguiera sintiendo ese orgullo por ti, por tu forma de ser, por saber salir adelante en situaciones en las que no sabía cómo ayudarte, y por estar al corriente cuando ya maduró, de que tú supiste entender muchas de las cosas incomprensibles que hizo, y que ahora no son más que bobadas.

Y así es la vida, dime de qué presumes y te diré de qué careces. Todas esas burlas que ella hacia sobre ti, y sobre tu forma de ver la vida, no han hecho más que hacerla ver que tenias toda y más que toda la razón. Tal vez, sea un mito eso de que los hermanos mayores son los referentes de los pequeños, tal vez… pero en el caso de esa niña (que ahora cree que es madura)  va mucho más allá de un simple mito o una simple leyenda.

Quedaría de mucha cursilada decir que tal vez fuiste el mejor hermano que pudo tener esa jovenzuela, que la supiste guiar y ayudar en sus buenos y malos momentos, que le contagiaste tu humor y tu sátira forma de ver la vida para así reírte de ella, que le abriste una puerta escondida allá por países extranjeros donde te sorprendió y a la vez supiste que se había convertido en alguien muy similar a ti, tú fuiste (y maldita la hora) quien la introdujo en el maravilloso mundo de “ camarero otra ronda, pago yo”, quien la ayudaste a sentirse como ella iba buscando, alguien segura de sí misma, feliz e independiente, y como no, quien le contagió esas ganas por querer disfrutar al máximo de la vida.


A un hermano, que aunque esté lejos en la distancia, nunca lo estará en mi memoria.

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